La losa que hunde España

Ahí la ven, de 40×40, es la losa que separa y condena a las familias de la clase de mi hija, cinco horas diarias. Hoy no se movía el aire, por cierto. Esos son los 1,20 metros prometidos. Podría haberme quejado a la maestra, pero ella es la primera víctima de esta mentira.

Esa es la losa que hunde los negocios, que nos obliga a estrangularlos a restricciones cuando sube la incidencia, cuando deciden que 200 muertes diarias no molan tanto.

Ya sabemos que ni habiendo riesgo de muerte, ni jugándonos miles de empleos y billones de euros… se bajará la ratio. Nunca pudimos ganar tanto invirtiendo en Educación, nunca.

Es curioso el estruendo que se forma en un edificio si se infectan tres familias distintas. Lógico, pensamos con razón que están vinculados, porque la probabilidad de que no haya conexión es ínfima. Nos ponemos alerta e investigamos cómo pudo ocurrir.

Sin embargo, cuando eso mismo pasa en un aula, es increíble el fervor de mucha gente asegurando que no existe conexión, que todos los contagios vienen de fuera y no existe relación alguna. Es algo místico, casi religioso.

Esa probabilidad se puede calcular con una sencilla binomial. Es un bonito ejercicio cuyo resultado depende de la incidencia y del número de componentes de cada familia. Siendo muy generosos, con una incidencia muy alta, la probabilidad es de 1 entre 30.000 de que no haya conexión en los contagios. Los del edificio no están locos, ni mucho menos. La locura es lo otro, y ocurrió el año pasado con una frecuencia increíble.