TAREA DE VERANO

Estimados alumnos:

Ya sabéis que me ha quedado cierto resquemor por haber dejado de ver ciertos aspectos del temario por culpa de mi baja. Hice lo que pude al final, pero solo conseguí tapar ciertos agujeros. Hay un tema, que es vital de cara al bachillerato, que apenas tratamos. No es muy complicado técnicamente, pero si pasamos con esas lagunas… Os ruego que hagáis esta sencilla actividad, que tiene las soluciones marcadas. Si no dais con la solución, creo que vuestros padres os pueden ayudar. Os llevará poco tiempo y puede ser vital para triunfar en la próxima etapa que afrontáis.

Un finde con Anae

EJERCICIO 1

Sábado por la mañana. Ana está en el pequeño supermercado del barrio, la única alternativa a los centros comerciales que queda. Se va a comprar una palmera con 67 g de azúcar y unos gusanitos con 2341 kcal. Va a la cola, ya está cerca de pagar y le llaman la atención unos donuts verdes con 32 conservantes. Al volver la vista al frente se encuentra con una anciana que no estaba antes, de avanzada edad. Elige una opción:

a) Ana le espeta: “Señora, póngase en la cola”, con un tono firme para dejarla en evidencia.

b) Ana resopla con fuerza, alza los brazos y mira a su alrededor para analizar cuántas personas están tan mosqueadas como ella, porque ya llevaban rato esperando.

c) Ana le dice: “Señora, se ha colado”. Cuando la anciana le empieza a decir algo inaudible, ella le replica con rotundidad: “Mire, no nos tome por tontos”.

d) Ana saca el móvil y le echa una foto a la vieja. La comparte con sus amigos e inicia un hilo que le proporciona un rato extenso de risas.

e) Ana se fija en que la señora no puede estar quieta. Apoya una pierna, la otra… nunca va a llegar a estar cómoda en ninguna postura porque a esa edad los dolores te acompañan siempre. Se da cuenta de que solo lleva un pimiento y dos cebollas, por lo que pagará rápido. A saber qué situación atraviesa. Le recuerda a su abuela, que cocinaba de escándalo. Cuando la atiende, el hombre de la caja le dice: “Elena, la tarjeta sigue sin funcionar”. Ana, ni se lo piensa, de forma espontánea dice: “Lo pago yo”.

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EJERCICIO 2

Ana ha quedado por la mañana con una amiga y ve acercarse a su profesor a 37 m por la misma acera. Frena su velocidad a 3,5 km/h para retrasar el encuentro 2 segundos y tener tiempo de pensar. Elige una opción:

a) Ana se hace la loca mirando al frente, pero el profesor le dice “Hola” al pasar a su lado. Ana le pone su sonrisa más falsa y le dice “adiós”, tras lo que pone cara de asco y mira al frente.

b) Es el mismo profesor que no le quiso poner un 9 el año pasado cuando su media fue de 7,4. Ana decide mirarlo con asco y, cuando él se percata de que es su alumna y se disponía a saludarla, ella gira la cabeza al frente para esquivar su saludo y expresar su desprecio.

c) Al llegar a su altura, el profesor se detiene y le dice: “Hola, Ana, mira, te que…” y ella le interrumpe con un “tengo prisa” contundente.

d) Ana tira del comodín del móvil, lo saca y hace como que está muy entretenida con un hilo ficticio para dejarle claro al profe que está ocupada y ahorrarse el encuentro incómodo.

e) Ana se para a hablar con su profesor: — Hola, profe, nunca te había visto por el barrio. — Ahh, hola, Ana. El caso es que yo me crié aquí, pero ya no me pude permitir comprarme una casa aquí. De hecho, yo estuve en el insti de pequeño, mi promoción lo estrenó. La que sigue viviendo aquí es mi madre, que se niega a venirse a mi casa. La estoy buscando porque anda ya mal de la cabeza, y en casa no está, que ya vengo de allí. Ahhh, mírala, está en aquel banco sentada. — Anda, si es Elena. La conozco. — ¿Sí? Oye, pues si ves algo raro alguna vez no dudes en avisarme, por favor. Empieza a hacer cosas raras. Y para colmo, con sus 98 años, Hacienda le ha bloqueado la cuenta porque su tiendecilla quebró con el COVID. No entiende nada y lo está pasando fatal, ¡ha dado un bajón tremendo!

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EJERCICIO 3

Ana se levanta en casa a las 10:37:23 a. m. Es domingo y quiere ver la repetición de su programa favorito, que dura 1 h 32 min y 43 s. Pero su madre se cruza en su camino y le recuerda cariñosamente que debe ordenar su cuarto (unos 36 minutos) y estudiar para el examen de Historia (una media hora por punto esperado). Elige una opción:

a) — Mira, mamá, estoy recién levantada, hija. Solo tú tienes la capacidad de amargarme el día desde que me levanto.

b) Le suelta su “brrrr” favorito y le pone la cara de asco habitual.

c) — ¿Ya, mamá? — Hija, yo solo quiero lo mejor… — ¿Lo mejor? Lo mejor es que te calles y que te esperes a que esté espabilada para poder asumir esa información, joder. La madre aguanta la lágrima que sale de su ojo y se marcha de la cocina sin rechistar. Ha oído mil veces que debe dejarle espacio a su hija en esta edad tan complicada. Se siente mal, piensa que la ha vuelto a cagar.

d) — Pero… ¿quién coño ha desenchufado mi cargador? —pregunta Ana con voz alta. — Necesitaba enchufar la plancha. — ¿Y ahora qué? —grita más fuerte. — No hables así a tu madre —dice el padre, que aparece de repente al escuchar ese lenguaje soez. — ¡EL OTRO! —y se va medio llorosa y superenfadada.

e) — Oyyy, mamá, voy a necesitar unas natillas de esas tan ricas que tú haces para tantas tareas. Es que es verdad, si tú lo dices, que si dedicase un minuto todos los días a ordenar no se me formaría ese follón. Ay, mamá, ¿por qué no he heredado esos superpoderes que tú tienes? La madre le da un beso y un abrazo y le promete las natillas más ricas que jamás haya probado. Ana se queda muy contenta porque sabe que es muy fácil hacer feliz a su madre y sacarle todo lo que quiere. Aparece el padre: — ¿Era de Historia el examen? — Sí. — ¿Sabes que la abuela era íntima amiga de la madre de tu profesor? — ¿De Elena? — ¿La conoces?

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EJERCICIO 4

Ana está por la tarde en el súper del barrio buscando sus chicles favoritos. Lleva 2 euros y 37 céntimos, pero se encuentra los chicles a un precio de 2 euros y medio. Elige una opción:

a) Ana dice en voz muy alta: “Qué caros, joder, si estos chicles valen 2 euros en el centro comercial”. Todo el mundo la mira.

b) Ana se acerca con los chicles a la caja y pregunta si ese adhesivo es el precio. Cuando le dicen que sí, deja los chicles encima de las patatas y se marcha de allí con una cara de enfado inconfundible. Ana desea que ese local eche ya la persiana y que no la haga perder más tiempo otra vez.

c) Ana se acerca con los chicles a la caja y dice: “Perdona, ¿estáis en serio?” — Mira, chica, pregúntale a tu padre… — ¿PERDONAAA? —lo interrumpe con firmeza—. NI SE TE OCURRA MENTAR A MI PADRE, QUE TÚ NO ERES NADIE PARA HABLAR DE MI PADRE. El cajero se queda helado y con los ojos entumecidos con esa respuesta.

d) Ana se acerca con los chicles a la caja y pregunta: “¿Esto es cierto?”. Cuando el cajero le dice que sí, ella le echa una foto y se pone a reír abriendo un hilo con sus amigos.

e) Ana no quiere que esa tiendecilla cierre, como tantas otras tuvieron que hacerlo antes. Recuerda que de chica había muchas tiendas y vida en las aceras. Si esa tienda cierra, cada vez que quiera chicles o una palmera tendrá que entrar en uno de los centros comerciales que rodean al barrio, andar kilómetros de pasillos buscando sus chicles y volver a casa agotada. ¡Si es que abre hasta los domingos! Cuando se dispone a salir de la tienda para ir a por los 13 céntimos que le faltan, escucha desde el fondo: “¿Dónde vas? ¿Te falta algo?”. Es el cajero, que la mira sonriente. Se ha estado fijando en ella y viendo cómo contaba su dinero. — ¿Tú eres la niña de Luis? — ¿Conoces a mi padre? —le responde Ana sonriente y sorprendida. Se acerca a la caja. — Claro, yo hice la mili con tu padre. ¿Sabes lo que era eso? — Algo me ha contado. — Tu padre se sacó la plaza allí, ¡qué disciplina tenía el tío! Allí estábamos todos de cachondeo y él empollando en una mesa ridícula. Yo lo admiraba. Pero oye, que cuando él decía que tocaba descanso y que tenía que salir… ¡qué tío, yo no me he reído más en mi vida! A Ana se le ilumina la cara con esa versión tan guay de su padre. — Dale recuerdos, y ya me traerás lo que valga eso. Eres muy afortunada por los padres que tienes. A tu madre la he tratado menos, pero igual, ¡vaya dos! Tú sigue sus pasos y ya verás qué lejos llegas.

SI HAS ELEGIDO e)… has llegado al FIN de esta relación de ejercicios

—o0o—

Anae es feliz, vive en paz. Aprende mucho gracias a su forma de relacionarse con los adultos.

El resto de Anas están encerradas en su victimismo, y ese dolor no les deja ver lo bella que es la vida. Su rabia puede herir a todo su entorno porque no se dan cuenta de lo importante que es cada persona que nos rodea. Pero lo peor de todo es que corren el riesgo de ni siquiera conocer a sus padres, porque la vida puede arrancárselos en cualquier momento. Tienen que abrir los ojos y aprovechar cada instante agradable disponible, o acabarán arrepentidas.

Podemos hacer mucho daño sin querer, pero si queremos…

A mi Hacienda adolescente

— FIN —